La dejaron en el peor ridiculo a Sigrid

En un cruce tenso y sin rodeos, la periodista Milagros Leiva dejó al descubierto las grietas del discurso de Sigrid Bazán sobre Venezuela, en una conversación que se volvió incómoda para la congresista y reveladora para la audiencia. No hubo gritos ni exageraciones, pero sí preguntas directas, hechos concretos y una lógica que chocó de frente con la retórica progresista que suele evitar el fondo del problema: una dictadura enquistada desde hace décadas.

Leiva llevó el debate al punto que muchos prefieren esquivar. “Mi pregunta tiene que ver con los presos políticos. ¿Usted cree que el fin no justifica los medios?”, lanzó, colocando desde el inicio el drama humano en el centro de la discusión. Luego fue más lejos: “¿Cómo iba a salir Venezuela de este entrampamiento?”. La periodista recordó que, según muchos analistas, si el gobierno de Donald Trump no intervenía y no ingresaba para extraer a personas detenidas en el Helicoide —“llámenle secuestro, como ustedes quieran llamarlo”—, varios presos políticos jamás habrían recuperado su libertad.

Leiva remarcó una verdad incómoda que suele omitirse en los discursos bienintencionados: “Se reclama que los venezolanos lo tienen que solucionar, pero nunca lo han podido solucionar”. Y explicó por qué: el chavismo controla las Fuerzas Armadas, controla el poder real. En ese escenario, exigir soluciones internas suena más a consigna que a propuesta viable.

Sigrid Bazán respondió con el libreto clásico del progresismo latinoamericano. “Si tú me preguntas sobre Venezuela y qué pasa con los países en los que hay dictaduras, o regímenes autoritarios, el accionar de cualquier ciudadano es resistir, insistir, protestar, ejercer nuestro derecho legítimo a pedir que se cambie”, dijo, en un discurso correcto en las formas, pero desconectado de la experiencia venezolana.

La réplica de Leiva fue inmediata y demoledora: “Eso es lo que han hecho 26 años”. No hubo ironía, solo un dato imposible de refutar. La periodista insistió en que ese camino ya fue recorrido durante más de dos décadas sin resultados reales, mientras miles de personas terminaron presas, exiliadas o muertas.

Bazán intentó cambiar el foco y advirtió sobre los riesgos de la intervención extranjera. “Hoy día fue Trump; mañana podría ser, no sé…”, señaló, sugiriendo un peligro futuro sin precisar alternativas concretas para el presente. Leiva no soltó el tema y apretó aún más: “Pero eso es lo que han hecho 26 años; o sea, que sigan resistiendo, como en Cuba, 60 años. Correcto”.

Incómoda, Bazán trató de marcar distancia: “No, es que Cuba es otro régimen y otra historia”. La respuesta final de Leiva fue breve y fulminante: “También es una dictadura, hace 60 años. Ok”.

Ese intercambio dejó al desnudo una contradicción profunda. Se condena la intervención que libera presos, pero se tolera la permanencia de dictaduras que no caen con marchas ni consignas. Sin gritar ni exagerar, Milagros Leiva desmontó un discurso que suena moralmente elevado, pero que en la práctica termina justificando que el sufrimiento continúe. Para muchos televidentes, fue una lección clara: cuando la ideología choca con la realidad, la realidad siempre termina pasando factura.

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