¡El misterio ha sido revelado por fin! Durante décadas, la izquierda ha intentado vender la idea de que su desprecio hacia el expresidente Alberto Fujimori se debe a la corrupción.
Sin embargo, la realidad es mucho más cruda y dolorosa para ese sector político. El periodista Diego Acuña destapó la verdad que muchos intentaron ocultar por años bajo la alfombra.
Los rojos directamente odian a Fujimori porque los dejó sin chamba, afirmó Acuña sin guardarse nada. El verdadero motivo de tanta furia no fue el dinero, sino que les quitaron el poder de vivir del Estado.
De patitas en la calle
El gobierno de los años noventa encontró un país quebrado, lleno de empresas públicas que solo daban pérdidas y mantenían a miles de burócratas mediocres. La solución fue drástica y efectiva.
Fujimori aplicó mano dura y privatizó esas instituciones fallidas que no servían para nada y solo gastaban la plata de los peruanos. El cambio fue radical.
Los puso de patitas en la calle, como correspondía hacer, señaló Acuña sobre este histórico despido masivo. Miles de incompetentes perdieron sus privilegios de la noche a la mañana.
La humillación de los ídolos
Pero el golpe más duro para la izquierda radical no fue solo perder el trabajo, sino ver cómo caían sus referentes ideológicos. El gobierno los expuso ante el mundo entero.
Los líderes terroristas, que pretendían sembrar el caos, terminaron encerrados y mostrados como criminales comunes. El impacto psicológico de esas imágenes destruyó el orgullo de sus seguidores.
A sus ídolos, los marxistas, los leninistas, los maoístas, los exhibió como lo que eran, sentenció el comunicador. La humillación pública fue total y aplastante para el extremismo.
Trajes a rayas y jaulas
La estrategia para derrotar al terrorismo incluyó quebrar su moral por completo. Los cabecillas más peligrosos fueron puestos en ridículo ante las cámaras de televisión de todo el planeta.
Exhibir a los reos con traje a rayas fue parte de la guerra, de la genialidad de la guerra psicológica, explicó Acuña en sus declaraciones. Figuras como Osmán Morote o Maritza Garrido Lecca perdieron todo su poder.
Ver al cabecilal mayor encerrado en una jaula como una bestia fue un golpe del que la izquierda jamás pudo recuperarse. Los aniquiló, los redujo, los humilló, recordó con contundencia el periodista.
Un presidente en la cancha
A diferencia de otros gobernantes que se escondían en palacio, el Chino decidió pelear la batalla en el mismo lugar de los hechos. No mandaba a otros a arriesgarse.
El Chino fue con bombardas que disparaban y todo, destacó Acuña sobre la valentía del mandatario. El mensaje era claro: el Estado peruano recuperaba el control total del territorio nacional.
Fue este rescate de la patria y la expulsión de los parásitos estatales lo que selló el rencor eterno de la izquierda. Acá está el Estado peruano. Ese era el mensaje, concluyó Acuña sobre el verdadero motivo del odio.
