¡El estrepitoso desplome de un gigante periodístico! El conocido periodista César Hildebrandt vive sus horas más oscuras ante el inminente fracaso de su semanario. Aquel medio que alguna vez fue muy comentado, hoy agoniza en el olvido y sobrevive a duras penas gracias a colectas y yapes.
La poca acogida del público ha dejado su proyecto al borde del abismo definitivo. Desesperado por llamar la atención y evitar su desaparición total, el director ha montado un show mediático. Ahora utiliza como excusa que el régimen de Keiko Fujimori lo persigue cruelmente para hundirlo.
La controversia comenzó cuando la Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral (Sunafil) visitó su empresa Plutón Editores SAC. Esta simple revisión de rutina fue usada de pretexto para lanzar ataques y Victimizarse públicamente. ¡Todo se trataría de una burda maniobra para tapar la falta de lectores!
Sin mostrar pruebas reales, el periodista vinculó la fiscalización con otros problemas legales recientes. Enojado ante las cámaras de su programa digital, arremetió con todo contra el ministro de Trabajo. “Ahora viene Sunafil, ¿no, Sheput?”, exclamó con tono burlesco para llamar la atención.
Tratando de dar pena ante la gente, minimizar el tamaño de su negocio y evadir los controles laborales de ley, lanzó otra insólita queja. “Quieren investigar a esta pobre empresa que somos 12 personas”, protestó incómodo por los documentos formales solicitados.
El comunicador se molestó porque la autoridad le pidió papeles básicos como el organigrama y la lista del personal a cargo. En lugar de cumplir como cualquier ciudadano o dueño de negocio formal, prefirió insultar directamente al ministro del sector. “Ya pues Sheput, no seas huachafo”, expresó alterado durante su transmisión.
El show no terminó ahí y continuó lanzando duras acusaciones contra las autoridades para ponerse en el papel de víctima. Intentó justificar su mala suerte diciendo que el poder busca venganza por su trabajo. “Lo que ofrecemos es cólera, indignación y ministros de cuarta”, afirmó muy alterado.
La verdad detrás de este escándalo es que la institución solo cumple con revisar que se respeten los derechos de los trabajadores. Ninguna fiscalización demuestra una persecución política ni un ataque personal contra su pequeña revista. ¡No se puede usar la libertad de prensa para evadir la ley!
Además, no es la primera vez que la sombra de las deudas persigue a este conocido personaje de las noticias. Ya en el año 2019 se reveló que arrastraba una millonaria deuda con la Sunat por impuestos no pagados. Cargar deudas y culpar al gobierno de turno parece ser su estrategia de siempre.
Resulta muy contradictorio que ahora se queje de la institución fiscalizadora a la que antes atacaba en sus páginas. En el pasado, su propio semanario calificó a esa entidad como una completa inutilidad que no servía para nada. Hoy acusa de persecución a la misma entidad que antes criticaba.
El triste final de un medio periodístico que perdió el respaldo de la gente ya no se puede ocultar con gritos. Las campañas de donaciones por yape no bastan para sostener un proyecto que la gente dejó de comprar. Inventar persecuciones políticas es el último recurso de un medio que se apaga.
