El mayor castigo para Lucho Caceres

El mayor castigo para un actor creído no es la cárcel ni los insultos, sino las butacas vacías y el desprecio total del público. Eso es exactamente lo que acaba de aplastar el ego del conocido artista y activista caviar Lucho Cáceres.

A pesar de que llenaron las redes y los medios con publicidad por todos lados, la película “Álbum de familia” fue un fracaso humillante de taquilla. La cinta no llevó ni 20 mil personas en todo el mes que duró en cartelera.

Las salas lucieron desiertas y el público les dio la espalda por completo. La gente no quiso pagar ni un sol para ver una historia donde etiquetan a todos los militares peruanos como si fueran viles asesinos en potencia.

El argumento trata sobre Alex, un joven dibujante a punto de ser padre, quien descubre fotos secretas en un depósito viejo. Esas imágenes acusan a su padre, un militar retirado, de abusos oscuros durante la época del terrorismo en Ayacucho.

Lo más indignante de este papelón es de dónde salió la plata. El Ministerio de Cultura le regaló 675 mil soles de nuestros bolsillos a esta película para pagar su producción y distribución hace varios años.

Ese dineral pertenece a todos los peruanos trabajadores y terminó botado a la basura. Todo sirvió únicamente para financiar las posturas ideológicas de unos cuantos privilegiados que viven alejados del sentir del pueblo humilde.

El director del filme, Joel Calero, ya se había llevado antes más de medio millón de soles de impuestos del Estado. Con esa fortuna financió otras cintas del pasado donde intenta poner a peligrosos terroristas como si fueran pobres víctimas.

En vez de hacer una autocrítica por el rechazo de la gente, este cineasta atacó la realidad diciendo: “ha habido una ley de amnistía a los militares y policías asesinos”. Prefieren culpar al resto antes de admitir que nadie quiere ver su propaganda.

Por su parte, Lucho Cáceres no se quedó callado en las entrevistas y usó los reflectores para lanzar ataques políticos diciendo: “la sociedad está dormida por la indiferencia”. Parece olvidar que el público está muy despierto cuando decide rechazar sus proyectos.

La gran lección de patriotismo y éxito la dio el verdadero cine independiente. La obra “Cantuta, orden secreta”, dirigida por Alejandro Nieto-Polo, metió más de 40 mil espectadores con apenas 20 mil dólares de inversión privada.

Sin pedirle un solo centavo de limosna al Estado, esa producción logró un triunfo aplastante. Eso demostró claramente que la calidad artística no necesita del dinero público ni de discursos caviares para ganar el corazón de los peruanos.

El silencio de las salas vacías se convirtió en una bofetada demoledora para Lucho Cáceres. La indiferencia total del pueblo es la peor condena para los soberbios, demostrando que con el dinero de la patria ya no se juega.

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Cayo Iber Maravi

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