El enfrentamiento entre el periodista Beto Ortiz y el general Óscar Arriola no nació ayer. Detrás de los fuertes cuestionamientos contra el jefe policial existe una historia de acusaciones, fotografías, una querella y un enfrentamiento que ambos han llevado a terrenos cada vez más duros.
Todo comenzó a tomar fuerza cuando Ortiz vinculó públicamente a Arriola con Andrés Hurtado, conocido como Chibolín, a partir de una fotografía en la que ambos aparecían condecorados. Para Arriola, aquella imagen fue utilizada para construir una historia que, según afirmó, no tenía sustento.
En una entrevista con Diego Acuña, Arriola fue directo al recordar el conflicto: “Lo he querellado a Beto Ortiz. Por supuesto que lo he querellado”. El general sostuvo que las afirmaciones del periodista eran falsas y cuestionó que se señalara solamente su presencia junto a Hurtado.
Arriola explicó que muchas personas habían recibido condecoraciones similares. “Han habido 100 generales a lo largo del tiempo que han sido condecorados”, señaló, agregando que también fueron reconocidos alcaldes, empresarios, periodistas, embajadores y otras personas.
Entonces lanzó una pregunta que resume su molestia: “No dice, solamente Arriola. ¿Y por qué Arriola?”. Para el general, esa pregunta era clave para entender por qué Ortiz había concentrado sus ataques en su contra.
Pero el problema no quedó solamente en una fotografía. El enfrentamiento también alcanzó el caso relacionado con un empresario y una investigación por un supuesto secuestro en Trujillo. Arriola sostuvo que la versión que relacionaba el hecho con determinadas investigaciones había quedado descartada.
En aquella entrevista afirmó que la investigación había demostrado que la hipótesis inicial no correspondía con lo ocurrido: “Quedó en la investigación totalmente desvirtuado, totalmente esclarecido y no era secuestro”.
El general también negó haber tenido encuentros frecuentes con Hurtado. Sobre la fotografía y las versiones sobre supuestos encuentros en Panamá, fue tajante: “Es los únicos dos minutos que yo he visto a Chivolín en toda mi vida”.
Arriola incluso aseguró que llevó el movimiento migratorio para demostrar que una versión sobre un encuentro en Panamá no coincidía con los registros. Según su relato, allí estuvo una de las razones por las que decidió enfrentar judicialmente al periodista.
La pregunta más fuerte llegó cuando Diego Acuña le preguntó si Ortiz tenía algo personal contra él. La respuesta de Arriola fue contundente: “Absolutamente personal”.
Pero el general fue todavía más lejos. Aseguró conocer quiénes habrían impulsado el enfrentamiento, aunque decidió no revelar sus nombres. “No puedo decirlo, tengo por ahí un elemento fuerte, pero sé quiénes lo dirigieron”, declaró.
Por eso, cada nuevo ataque de Ortiz contra Arriola adquiere un significado distinto dentro de esta vieja pelea. No se trata simplemente de una discusión por el caso de Trujillo, sino de un enfrentamiento que ya arrastra acusaciones públicas y una querella.
Y mientras Ortiz continúa cuestionando duramente al general y llegando incluso a pedir su salida, Arriola sostiene una posición completamente distinta: que detrás de los ataques existió una campaña personal contra él y que hasta el momento no se le ha demostrado ningún acto de corrupción.
Así quedó marcada una guerra pública que comenzó con una fotografía, pasó por una querella y terminó convirtiéndose en uno de los choques más fuertes entre un periodista y un alto mando policial
