El periodista Beto Ortiz volvió a la pantalla chica con una fuerza arrolladora y sin pelos en la lengua. Su esperado regreso a la televisión sacudió todo el país, dejando en claro que no piensa callarse nada ante los poderosos de turno.
Apenas se encendieron las cámaras de su programa, el conductor apuntó directo contra quienes intentaron destruir la imagen de una figura muy querida. Lo primero que hizo fue defender con todo al padre Omar Sánchez, quien sufrió meses de duros ataques.
Sánchez Portillo fue blanco de una terrible campaña de desprestigio impulsada por sectores caviares y de izquierda. Muchos buscaron arruinar su labor social solo por su firme postura anticomunista, levantando acusaciones falsas para manchar su sotana y callar su voz solidaria.
En medio de todo este escándalo mediático, el dedo acusador señaló con insistencia a la activista Paola Ugaz. Para muchos ella fue la gran impulsora de esta patraña, utilizando su tribuna periodística para promover acusaciones sin pies ni cabeza.
El presentador no tuvo piedad frente a las cámaras y cuestionó con dureza el papel de la comunicadora. Ortiz expuso al aire las oscuras intenciones detrás de la denuncia, mostrando documentos oficiales que demostraban cómo se armó todo el proceso judicial.
El conductor leyó en vivo la carpeta fiscal y encaró directamente a la controvertida investigadora. «¿Qué le molesta a la señora Ugaz del padre Omar? ¿No se supone que ella está denunciando a un violador?», cuestionó el periodista con total indignación.
Siguiendo con su fuerte reclamo, Ortiz expuso la rapidez con la que actuaron las autoridades por simple presión mediática. «¿El Ministerio Público hace eco de lo que dice Paola Ugaz y le abre una investigación?», lanzó con enorme fastidio en su debut.
Mostrando los papeles del caso ante los televidentes, Beto fue contundente para desbaratar cualquier duda sobre la acusación. «No estoy inventando, aquí está este documento que dice: denunciado, Omar Alonso Sánchez Portillo», remarcó visiblemente enojado en el estudio.
Sin embargo, toda esta mentira armada contra el sacerdote se cayó a pedazos en los tribunales peruanos. La Fiscalía de Villa María del Triunfo decidió archivar por completo la causa, demostrando que jamás existió agresión sexual alguna contra nadie.
El propio presunto agraviado declaró formalmente ante las autoridades que nunca fue víctima de un ultraje. Se determinó la total inexistencia del delito tras revisar todas las pruebas, dejando sin argumentos a quienes celebraban la persecución contra el religioso.
El regreso de Beto sirvió para poner las cosas en su sitio y desenmascarar el odio político. La verdad finalmente salió a la luz frente a los ojos de todo el Perú, dejando al descubierto una injusticia que casi destruye a un hombre inocente.
