Mira que hizo ahora para ser el mas odiado del Peru
El reciente episodio protagonizado por Christian Cueva en un evento público en San Martín de Porres no solo dejó imágenes incómodas, sino que terminó por sellar un papelón monumental que lo ha colocado nuevamente en el centro del repudio popular. Lo que debía ser una simple aparición pública junto a Pamela Franco terminó convirtiéndose en un bochornoso espectáculo de gritos, desplantes y actitudes que, para muchos, confirman que el futbolista no ha aprendido nada de sus errores pasados.
Las cámaras captaron a un Cueva alterado, confrontacional y visiblemente desbordado, respondiendo a los reporteros con un tono que dista mucho del respeto mínimo que se espera de una figura pública. Fue Magaly Medina quien, fiel a su estilo directo, puso el dedo en la llaga y verbalizó lo que gran parte del público ya pensaba. En su programa, la conductora no tuvo reparos en calificar la actitud del jugador como grosera, altanera y carente de educación. “La falta de educación se le nota”, sentenció, dejando claro que no se trataba de un desliz aislado, sino de un comportamiento reiterativo.
Y es que la escena fue difícil de defender. Cueva elevando la voz, encarando a un reportero de Willax y actuando como si la prensa le debiera pleitesía. Magaly fue más allá y cuestionó esa falsa sensación de superioridad que, según ella, el futbolista proyecta cuando cree que “manejar el lenguaje de la calle” lo convierte en un gran comunicador. Para la conductora, el problema de fondo es claro: Cueva parece convencido de que los periodistas deben ser sus fans y no profesionales cumpliendo su trabajo.
La palabra “desubicado” se repitió varias veces durante el análisis televisivo, y no por gusto. Medina remarcó que existen personas incapaces de hacer una mínima autocrítica, que jamás reconocen sus errores y continúan actuando con soberbia, creyéndose dueños de la verdad. Ese retrato encajó perfectamente con la imagen que dejó el futbolista aquella noche: un hombre que no acepta preguntas, que reacciona con prepotencia y que responde con ataques cuando se siente acorralado.
Pero el bochorno no quedó ahí. En otro momento, Cueva perdió completamente los papeles frente a una reportera de ‘América Hoy’. El hastío se transformó en grosería cuando lanzó la frase: “Dos años me tienen jo…do”, evidenciando no solo su incomodidad, sino también una total incapacidad para manejar la presión mediática. Rechazó el micrófono, marcó límites de mala manera y dejó claro que no quería hablar de su vida personal, especialmente de sus hijos. Sin embargo, la forma en que lo hizo fue lo que encendió la indignación.
“El micro no lo quiero”, dijo sin filtros, dando inicio a un intercambio cada vez más tenso. Sus respuestas cortantes, su tono desafiante y frases como “todo lo quieren gratis” o “tienen que pagarme” terminaron por pintar una imagen de arrogancia y agresividad que contrastó brutalmente con el futbolista carismático que alguna vez fue. Incluso llegó a confrontar a la reportera con preguntas personales, olvidando por completo que él es el personaje público y ella quien cumple una labor informativa.
La frase final, “quien hable de mí, lámpense la boca”, fue la gota que colmó el vaso. Para muchos televidentes, ese comentario no solo fue innecesario, sino una clara muestra de intolerancia y violencia verbal. Janet Barboza no tardó en reaccionar y criticó duramente la actitud del jugador, recordando que años atrás se mostraba más amable y accesible. Hoy, en cambio, lo vio como un hombre cambiado, físicamente descuidado y con un trato agresivo, casi de bravucón.
Pamela Franco, visiblemente incómoda, intentó mantener la calma y respetar a la prensa, pero su silencio y gestos evidenciaron que la situación se le fue de las manos a su pareja. Al final, lo que quedó fue una sensación generalizada de vergüenza ajena. Un nuevo capítulo negativo en la carrera mediática de Christian Cueva, que lejos de generar empatía, reforzó el rechazo del público.
Este papelón no solo dañó su imagen, sino que confirmó que, mientras no exista autocrítica ni respeto, el repudio popular seguirá creciendo. Porque el talento en la cancha no justifica la soberbia fuera de ella.



