Televisión

Mira que le hizo a su bebe Greissy Ortega y porque merece la expulsion del pais

La mediática Greissy Ortega, conocida por sus polémicas y constantes apariciones en la televisión, ha vuelto a sacudir la opinión pública con una confesión que ha dejado a todos helados. Su nombre, una vez más, se encuentra en el ojo del huracán, y esta vez no por peleas familiares ni controversias de farándula, sino por una revelación dolorosa y profundamente perturbadora: el destino de su bebé de 7 meses de gestación, a quien perdió en circunstancias que aún generan suspicacias.

Todo comenzó cuando su exesposo, Ítalo Villaseca, lanzó una bomba mediática acusándola de haber perdido voluntariamente al bebé. Una acusación de esa magnitud no podía pasar desapercibida, y los reflectores volvieron a apuntar con dureza hacia la hermana de Milena Zárate. Sin embargo, lo que más ha generado indignación no es solo la pérdida en sí, sino lo que ella decidió hacer —o mejor dicho, lo que decidió no hacer— con el cuerpo de su hija fallecida.

Durante una reciente edición del programa “Todo se Filtra”, la influencer colombiana rompió el silencio y confesó públicamente algo que dejó sin palabras a todos los presentes: tras la muerte de su bebé, esta fue cremada, pero Greissy jamás se llevó sus cenizas. Sí, leyó bien. Su propia hija terminó convertida en cenizas que hoy se encuentran en manos de desconocidos.

Con una serenidad que muchos han calificado de indolente, Ortega relató:
«Todo el mundo me está preguntando: ¿dónde está la bebé? Bueno, a la bebé le hicieron cremación y a mí me dicen: ‘O nos lo quedamos nosotros o te lo llevas tú, pero tienes que pagar’.»

La frialdad de sus palabras heló la sangre de los televidentes. Pero lo que vino después resultó aún más desgarrador. Greissy confesó que no pudo —o no quiso— pagar los miles de dólares que le solicitaban para retirar las cenizas. «Yo de dónde iba a sacar 10 mil, 15 mil dólares que me cobran por la cremación de mi hija. Les dije: ‘No, quédenselo ustedes’.»

La revelación cayó como un balde de agua fría. La audiencia no podía creer que una madre, tras haber llegado hasta los 7 meses de gestación, pudiera pronunciar esas palabras con tanta frialdad. ¿Cómo es posible que no haya luchado por tener al menos las cenizas de su hija? La indignación en redes sociales no se hizo esperar y muchos usuarios calificaron el hecho como un acto de absoluta indiferencia.

Como si fuera poco, en medio de esta tormenta mediática, surgieron nuevas pruebas que avivan aún más las sospechas. Un reportaje de “Día D” destapó el testimonio de la empresaria Luz Díaz, quien aseguró que Greissy le pidió ayuda directa para interrumpir su embarazo cuando el bebé todavía estaba sano. Según Díaz, Ortega buscaba acceder a una clínica en Nueva York donde el procedimiento era legal, y presentó capturas de chats que mostrarían cómo la influencer solicitaba información sobre el lugar.

Estas pruebas, de confirmarse, no solo pondrían en duda la versión de Ortega, sino que además la dejarían en una situación extremadamente delicada ante la opinión pública. La versión de que habría buscado provocar la pérdida de su bebé contrasta brutalmente con la imagen de víctima que ha intentado proyectar.

Hoy, las críticas llueven desde todos los frentes. En redes sociales, usuarios y detractores la acusan de haber mostrado un nivel de frialdad inexplicable. Algunos la llaman “la madre que abandonó hasta las cenizas de su hija”, mientras otros cuestionan cómo una figura pública puede normalizar un acto tan duro sin derramar una lágrima.

Lo cierto es que Greissy Ortega ha vuelto a protagonizar un capítulo oscuro en su vida mediática. Un capítulo donde la palabra “indolencia” parece quedar grabada a fuego. Porque, más allá de los detalles económicos que alega, lo que millones no logran comprender es cómo una madre puede renunciar al último recuerdo tangible de su bebé: las cenizas que, según la propia Greissy, quedaron en manos ajenas.

La polémica está servida. ¿Fue incapacidad económica real o indiferencia pura? ¿Se trató de un aborto voluntario encubierto o de una tragedia inevitable? Lo único seguro es que la figura de Greissy Ortega hoy se ve más cuestionada que nunca, y su nombre seguirá ocupando titulares cargados de indignación y escándalo.

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