El gran circo del periodismo peruano ha llegado a su capítulo más triste y vergonzoso. El intocable y temido César Hildebrandt ha terminado pidiendo limosnas a través de Yape para no cerrar su revista.
El hombre que antes temblar hacía a los presidentes y dueños del poder hoy roga monedas en las redes sociales. Ya no queda nada de ese profesional serio que llenaba portadas y vendía miles de ejemplares por su pluma afilada.
Ahora se pasa los días llorando persecuciones falsas para justificar su estrechez económica ante todo el país. Lo peor es que culpa de su desgracia al fujimorismo mientras mancha reputaciones ajenas sin ninguna prueba en la mano.
Hace poco decidió meterse en la vida privada de un ciudadano extranjero solo por ser cercano a la política nacional. Le gritó estafador a un argentino sin importarle la verdad con tal de armar escándalo y vender más papel.
Su caída libre quedó totalmente al descubierto cuando publicó un comunicado desesperado pidiendo plata a sus fieles seguidores. En su mensaje llegó a decir sin vergüenza: “Ahí está el QR para seguir apoyando a este semanario que está siendo intimidado”.
Para colmo de males, el veterano hombre de prensa se victimiza diciendo que es un héroe de la patria perseguido. En sus propias palabras asegura que “el oleaje de revanchas, mezquindades y provocaciones nos espera” para tapar su tremendo fracaso financiero.
Pretende hacernos creer que su mendicidad digital es una lucha heroica por la libertad de expresión en el Perú. Cuando la cruda realidad muestra que sus lectores ya le dieron la espalda por sus constantes ataques sin pruebas.
El viejo zorro de la noticia demuestra que ya perdió el rumbo y solo le queda el chantaje emocional. Su soberbia se derrumbó por completo y hoy sobrevive gracias a la caridad de quienes aún creen en sus cuentos.

Ya no asusta a nadie con sus editoriales largos y llenos de insultos contra los poderosos de turno. El gran inquisidor de la televisión se convirtió en un pedigüeño virtual que suplica yapeos para pagar la luz.
Qué lejos quedaron los tiempos de gloria donde dictaba la pauta política de toda la nación entera. Hoy solo es un triste meme viviente que mendiga un sol para poder llegar a fin de mes.
