Nos jodimos para siempre: Hasta pronto Hernando de Soto

El país entero quedó con la boca abierta. Todo estaba listo para que el famoso economista Hernando de Soto tomara las riendas del equipo de ministros, pero una jugada sucia de último minuto lo cambió todo. Lo que parecía ser un nuevo comienzo para el gobierno de José María Balcázar terminó en un escándalo de proporciones épicas que nadie esperaba ver por televisión.

Minutos antes de que se prenda la cámara para la juramentación, el hombre que prometía salvarnos de la crisis dio un paso al costado. Pero no se fue porque quiso, sino porque lo habrían acorralado en un rincón. La noticia corrió como pólvora en los pasillos de Palacio de Gobierno, dejando claro que el poder en el Perú se sigue manejando bajo la mesa y entre cuatro paredes.

El clan Acuña y su plan para controlar todo

Detrás de esta sorpresiva caída estaría la figura de César Acuña. El líder político no se queda tranquilo y habría metido sus manos en el nuevo gabinete para asegurar su pedazo del pastel. Pero no actúa solo, ya que su hijo Richard Acuña sería el operador clave encargado de mover las fichas y presionar al presidente para que no le dé todo el control al economista.

Los Acuña saben que el que tiene los ministerios tiene el dinero y los puestos de trabajo. Por eso, no podían permitir que De Soto pusiera a su propia gente. La orden fue clara: o se hace lo que ellos dicen o no hay apoyo para el gobierno. Esta es la famosa mano negra que siempre aparece cuando alguien intenta poner orden en el país y choca con los intereses de los mismos de siempre.

La pelea por el Ministerio de Economía

El punto más caliente de la pelea fue el Ministerio de Economía. Hernando de Soto quería a su equipo técnico para arreglar los bolsillos de los peruanos, pero chocó contra un muro de concreto. César Acuña habría exigido mantener su cuota de poder y seguir manejando la billetera del Perú a su antojo, sin que nadie le rinda cuentas ni le cuestione sus movimientos.

Aquí es donde entra el nombre de Denisse Miralles. Ella ya viene del gobierno anterior y, según las malas lenguas, es la pieza favorita de Acuña para manejar el dinero de todos. Al ver que el presidente Balcázar prefería hacerle caso al jefe del partido que a su posible premier, De Soto se dio cuenta de que solo sería un adorno en la foto y decidió retirarse antes de manchar su prestigio.

Un gobierno de transición secuestrado

Lo más triste de esta historia es que el pueblo peruano es el que sale perdiendo. Mientras los políticos se pelean por ver quién pone a más amigos en los ministerios, el país sigue a la deriva y sin un rumbo claro. De Soto quería poner a seis ministros de su confianza, pero la ambición de los que manejan los votos en el Congreso fue mucho más fuerte y terminó espantándolo.

Ahora nos quedamos con un gobierno que parece estar secuestrado por los caprichos de una sola familia. Richard Acuña y su padre se habrían salido con la suya una vez más, demostrando que en el Perú no importa quién sepa más, sino quién tiene más fuerza para presionar al presidente de turno. La esperanza de un gabinete profesional se esfumó por culpa de los intereses personales que nunca descansan.

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