Se acabo todo para Beto Ortiz
La noche del domingo 23 de noviembre de 2025 será recordada no por un hito periodístico, sino por un naufragio de la credibilidad en prime time. El autodenominado «periodista irreverente», Beto Ortiz, protagonizó un espectáculo televisivo que ha pulverizado su reputación entre la ciudadanía conectada: una entrevista al presidente interino, José Jerí, que muchos no dudan en calificar como el más complaciente, obsecuente y desvergonzadamente blando «publirreportaje» presidencial jamás emitido.
Las redes sociales, ese termómetro implacable del sentir popular, ardieron en una hoguera de indignación que superó con creces cualquier expectativa. Minutos después de que las primeras imágenes del encuentro salieran al aire, la etiqueta #BetoChupamedias se catapultó a la cima de las tendencias, acompañada de un tsunami de memes, críticas y análisis demoledores que desnudan la farsa periodística orquestada en Palacio de Gobierno.
Los usuarios, lejos de encontrar las preguntas incisivas y el tono desafiante que caracterizaban (o solían caracterizar) a Ortiz, se encontraron con un show de preguntas a modo, diseñadas para limpiar la imagen de un presidente que llegó al poder bajo una espesa neblina de controversia.
¡DE «VALOR DE LA VERDAD» A «VALOR DEL CHUPAMEDIAS»! EL GUION DE LA VERGÜENZA
La puesta en escena fue el primer indicio de la mascarada. Grabada con antelación en la fastuosidad de Palacio, la entrevista parecía más una charla entre viejos amigos que un interrogatorio al jefe de Estado de un país en crisis. Ortiz, cuyo pasado se forjó en la irreverencia y la crítica ácida, se transformó ante los ojos de millones en un cordero domesticado. ¿Dónde quedaron las preguntas sobre el origen de su sorpresivo y rapidísimo ascenso? ¿Y las incómodas interrogantes sobre su discutible patrimonio personal y las deudas que él mismo ha reconocido? ¡Fueron reemplazadas por preguntas sobre sus gustos, sus orígenes como acólito y hasta si le gustaban las mujeres!
«Preguntas de tía en almuerzo de domingo», sentenció un tuitero, resumiendo el sentir general. Otro fue más allá: «¿Acaso Beto está haciendo casting para ser el nuevo vocero de Palacio? La entrevista más aburrida y menos fiscalizadora de la década». El tono de la conversación, en lugar de presionar al mandatario sobre los 4.500 muertos que le costaron la salida a su antecesora o la ampliación del Estado de Emergencia sin resultados contundentes, se centró en humanizar a Jerí, permitiéndole desmentir las acusaciones de la prensa libre y los analistas sin recibir una sola repregunta a fondo.
¿LAVADO DE IMAGEN O DESCARADO OPERATIVO POLÍTICO? LA CÓLERA EN LÍNEA
El cinismo alcanzó su punto álgido cuando se abordó el espinoso tema del patrimonio de Jerí. El presidente interino se limitó a repetir que el 80% de sus bienes son deuda hipotecaria y que sus vehículos no son nuevos. ¿La respuesta de Ortiz? Una exclamación de sorpresa, seguida de una sumisa aceptación. ¡No hubo chequeo de datos en vivo! ¡No hubo confrontación de las cifras declaradas! ¡Fue un micrófono abierto para el descargo presidencial sin contrapeso!
Analistas políticos y periodistas independientes no tardaron en señalar que esta no fue una entrevista, sino un «operativo de imagen» desesperado para salvar la frágil popularidad de un presidente que muchos consideran ilegítimo. El acuerdo entre el polémico conductor y el cuestionado mandatario ha quedado al descubierto, y la indignación popular es la prueba de fuego de que el público no es tan ingenuo como ellos creen.
«Beto ha vendido su alma al sistema que juró combatir. Esto es una traición al periodismo, un asalto a la inteligencia del espectador. Le han dado un cheque en blanco a Jerí para que se victimice,» escribió un reconocido columnista en X (antes Twitter).
La entrevista, que se prolongó por casi una hora, terminó por confirmarse como un espacio de propaganda pura. Desde el anuncio de la desaparición del INPE —una noticia de gran impacto que Ortiz celebró con un entusiasmo impropio de un entrevistador— hasta la defensa a ultranza de su política exterior, Jerí navegó en aguas tranquilas, protegido por la blanda mano de quien antes era considerado un «perro guardián».

En conclusión, la entrevista de Beto Ortiz no solo ha mancillado su ya deteriorada imagen, sino que ha reforzado la desconfianza ciudadana hacia una prensa que, en lugar de fiscalizar al poder, parece haberse puesto de rodillas para besarle los pies. La indignación en las redes sociales no es solo por la complacencia, ¡es por la descarada traición a la verdad y al deber de informar!
¿Cree usted que esta entrevista marca un antes y un después en la credibilidad de Beto Ortiz o es solo una muestra más de la «periodismo» a la carta en el Perú?



