¡Traición total en Palacio de Gobierno! El presidente encargado de izquierda, José María Balcázar, le dio la espalda a su propio aliado ideológico y dejó completamente solo al golpista Pedro Castillo. En un giro que nadie esperaba, el mandatario prefirió limpiarse las manos antes de hundirse con él.
Todo se descubrió tras una reunión secreta en la casa de gobierno. El congresista Roberto Sánchez intentó ocultar la verdad diciendo que solo hablaron de dinero y presupuestos. Sin embargo, Balcázar lo desmintió públicamente y confesó que el rescate del golpista sí estuvo sobre la mesa.
Los rumores ya venían sonando fuerte desde hace semanas en los pasillos políticos. Se decía que el jefe de Estado buscaba liberar a Castillo a toda costa con un perdón presidencial. Incluso, se planeaba un escape para la exministra Betssy Chávez, quien sigue escondida en la Embajada de México.
En la misteriosa cita estuvo hasta la cuñada de Castillo, Yenifer Paredes. Todos intentaron armar una cortina de humo diciendo que hablaban de un presupuesto de 9 mil millones de soles. Pero la mentira cayó rápido porque el presidente Balcázar confesó toda la verdad sin remordimientos.
El mandatario izquierdista no quiso cargar con el peso político de proteger a un golpista. Para salvarse él mismo, decidió dejar al exmandatario encerrado en su celda. Balcázar se lavó las manos diciendo que la gente en la calle le pide la liberación, pero que legalmente es imposible.
Con una frialdad que asombra a sus propios seguidores, el presidente encargado destruyó las ilusiones de la izquierda radical. “No teníamos una sentencia consentida y ejecutoriada”, declaró Balcázar para justificar por qué no firmará ningún perdón de carácter constitucional para su antiguo compañero de luchas.
Por si fuera poco, el jefe de Estado también le cerró la puerta a la única salida que le quedaba al golpista. Balcázar aclaró que tampoco se puede dar un beneficio por razones de salud, ya que Castillo no se encuentra grave. “El indulto humanitario requiere de un estado especial de emergencia”, sentenció de forma contundente.
Con estas palabras, el presidente encargado demostró que la lealtad no existe en la política. Balcázar prefirió asegurar su puesto en el poder antes que arriesgarse por un aliado caído en desgracia. El mandatario le echó el muerto a Castillo y dejó claro que no moverá ni un dedo por él.
Esta jugada es vista como la peor traición dentro del mismo bando de izquierda. Quienes antes marchaban juntos, hoy se dan la espalda para no terminar en la cárcel. La suerte de Pedro Castillo está echada, y su propio aliado ha sido el encargado de ponerle el candado definitivo a su celda.
