Mira la traicion del caviaron Beingolea

La llegada del conocido caviar Alberto Beingolea al gobierno de Keiko Fujimori ha desatado una ola de rabia e indignación entre millones de peruanos. Lo que parecía un compromiso de palabra con el pueblo terminó convertido en una auténtica traición a los votantes que confiaron en un cambio real.

El flamante ministro de Cultura no ha perdido el tiempo y está jugando descaradamente a favor de la izquierda radical. Los simpatizantes que salieron a las calles se sienten completamente burlados al ver cómo las viejas mañas del poder siguen premiando a las mismas argollas de siempre.

Uno de los golpes más duros contra la gente ha sido su respaldo total para tumbar la conocida Ley del Artista. Con esta peligrosa decisión, el ministerio abre las puertas para que un grupo de artistas mediocres pueda ejercer sin tener una profesión ni preparación adecuada.

El propio ministro no tuvo el menor pudor en adelantar su postura a favor de la derogatoria antes de tiempo. “Ya te puedo adelantar cuál va a ser la opinión. La opinión va a ser sí, deróguese, con toda la argumentación jurídica”, declaró de manera tajante el funcionario público.

Además, al ser consultado sobre el papel de su sector para anular la norma, dejó muy clara su postura. “La solicitud directa y clara es derogarla. A partir de eso, ¿Qué cosa va a aportar el Ministerio de Cultura? Primero, como saben, para cualquier ley se requiere la opinión del sector”, remarcó Beingolea.

Por si fuera poco, el ministro se aferra con uñas y dientes a la administración del cuestionado Lugar de la Memoria, conocido como el LUM. Este sitio ha recibido duras críticas durante años por hacer abierta apología al terrorismo y pisotear la verdadera historia del país.

A pesar del firme pedido del ministro de Justicia, Ernesto Álvarez, para pasar este espacio a su cartera, Beingolea se negó rotundamente. El titular de Cultura prefirió defender con garras el control de este espacio caviar antes que hacer justicia con la memoria histórica.

Al ser encarado por este tema tan delicado, el ministro minimizó la propuesta de su compañero de gabinete sin ningún descaro. “Es una opinión del ministro, punto”, respondió fríamente para cortar de golpe cualquier posibilidad de cambio en la administración del polémico local.

Asimismo, insistió en que no soltará el control del cuestionado museo bajo ninguna circunstancia. “El museo al que hace referencia está dentro del sector Cultura. No tengo yo nada que opinar al respecto”, remarcó el ministro para defender lo que considera su territorio.

Esta actitud resulta indignante para un ministerio que no ha servido para nada útil a lo largo de los años. Durante la campaña electoral se prometió a viva voz la fusión de esta institución con otra para achicar el Estado y frenar el derroche de dinero.

Sin embargo, esa promesa de campaña sobre reducir el aparato estatal parece haber quedado totalmente archivada en el olvido. Hoy tenemos un ministerio inútil que solo sirve para alimentar agendas caviares y proteger recintos que distorsionan la realidad de nuestra patria.

La decepción de la gente es enorme porque se prometió combatir a la izquierda y hoy se le entregan las instituciones en bandeja de plata. El pueblo exige que se respete el voto popular y se ponga fin a los favores políticos que benefician a unos pocos.

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