El karma no perdona en la política. Jorge Nieto, conocido por muchos como una figura caviar, está viviendo su peor pesadilla tras sufrir una dolorosa traición dentro de su propia casa partidaria. Todo indica que recibió un verdadero castigo divino luego de cambiar de bando y alinearse con sectores vinculados a Juntos por el Perú.
Durante mucho tiempo, Nieto intentó mostrarse distante de los grupos radicales y de posturas extremistas. Sin embargo, el afán de poder y las alianzas políticas lo llevaron a caminar de la mano con la izquierda más dura, una decisión que muchos de sus seguidores consideraron un error imperdonable y una traición ideológica.
Ahora el destino le cobró la factura completa y de la forma más amarga posible. Sus propios parlamentarios del Partido del Buen Gobierno le dieron la espalda sin remordimiento alguno. En el momento más decisivo, sus senadores decidieron traicionarlo abiertamente para votar a favor de darle facultades legislativas al gobierno de turno.
La furia y la decepción no se pudieron ocultar ante la prensa nacional. El excandidato presidencial tuvo que salir a dar la cara y reconocer públicamente que perdió el control de su propia gente. El golpe recibido desnudó la fragilidad del proyecto que juraba mantener una disciplina de hierro.
En sus propias declaraciones, el líder político expuso con pesar la fractura interna. Nieto señaló: “La bancada tuvo una posición que adoptó por consenso en sus discusiones previas a la votación y dos compañeros, por motivaciones distintas, rompieron la disciplina del partido”. Sus palabras reflejaron el desconcierto total frente a los hechos consumados.
Los nombres de los rebeldes quedaron al descubierto ante todo el país. Se trata de los senadores Juver Flores Suárez y Jorge Gavidia, quienes prefirieron apoyar al oficialismo antes que obedecer a su fundador. Para muchos analistas, quien siembra vientos cosecha tempestades, y esta votación fue la prueba definitiva del descontrol partidario.
Acorralado por la prensa y visiblemente afectado por el desaire, el dirigente intentó calmar las aguas hablando de sanciones y procesos internos. Explicó que “el Grupo Parlamentario de la Cámara de Senadores aprobó, antes de empezar a funcionar, un reglamento de funcionamiento de los senadores. Ahí hay establecidas sanciones para la indisciplina”.
Nieto intentó minimizar el impacto asegurando que esto no significa la muerte definitiva de su bancada. Sin embargo, su respuesta sonó desesperada ante la evidente humillación política: “No, no, no. Hay un reglamento que tiene que ser aplicado ante una indisciplina. Un partido es un partido”, remarcó para esquivar la idea de un quiebre definitivo.
La justicia divina parece haber alcanzado a quien prefirió los pactos dudosos con la izquierda en lugar de mantenerse firme en sus principios originales. El costo de jugar a la ambigüedad terminó en una puñalada por la espalda propinada por los mismos congresistas que él llevó al poder.
