Lo que está haciendo Willax Televisión contra el gobierno de Keiko Fujimori ha sorprendido incluso a quienes durante años identificaron al canal con posiciones cercanas al fujimorismo. Ahora, Willax parece haber decidido tomar distancia y atacar directamente al gobierno, aprovechando una operación policial que todavía genera preguntas.
Augusto Thorndike fue especialmente duro. En su programa puso en duda que los cuatro detenidos por la Policía Nacional sean los mismos sujetos que aparecen en los videos del ataque ocurrido en Trujillo. Su principal argumento fue la diferencia de estatura y contextura entre los hombres de las imágenes y los detenidos.
“¿Alguno de esos de ahí mide 1,80? Ninguno, ninguno”, afirmó Thorndike durante su análisis. Luego agregó que los detenidos eran “unos retacos, gorditos, chatos”, cuestionando que pudieran ser los mismos hombres que aparecen en las imágenes.
Pero el golpe más fuerte llegó después. Thorndike aseguró que había consultado con un supuesto especialista y contó: “Esos cuatro no corresponden a los videos”. Según relató, el especialista le habría dicho directamente: “Augusto, no son”.
Hasta ahí, se podría hablar de una crítica periodística y de dudas razonables sobre la investigación. El problema aparece cuando esas dudas son convertidas rápidamente en una acusación contra todo el Gobierno.
Thorndike llegó a comparar el caso con los años más oscuros de la política peruana y lanzó una frase demoledora: “Estamos entrando nuevamente a la época fujimorista de los engaños, de las vírgenes que lloran, de los falsos positivos como en Colombia”.
La acusación es gravísima. Porque una cosa es decir que los detenidos podrían no ser los autores materiales del ataque y otra muy distinta es afirmar que el Gobierno habría armado una captura falsa para presentar resultados ante el país.
Y justamente ahí aparece la gran pregunta: ¿qué pruebas existen para sostener una acusación tan grave?
Que los cuatro detenidos no sean los principales atacantes no significa automáticamente que sean inocentes ni que la captura sea falsa. También podrían haber cumplido otro papel dentro de la organización criminal: ser gatilleros, colaboradores, informantes, choferes o compinches de los verdaderos responsables.
Por eso, una diferencia física en las imágenes no demuestra por sí sola que toda la operación policial haya sido inventada. La investigación todavía tiene que determinar quiénes participaron, qué armas utilizaron, qué vehículos emplearon y cuál fue exactamente el papel de cada detenido.
Sin embargo, Willax ha instalado una versión mucho más explosiva. El propio Thorndike preguntó cómo podía creerse que los autores de una operación tan organizada fueran los detenidos presentados por la Policía.
“¿Ustedes creen que esa gente que ha hecho este atentado tan sofisticado… van a ser estos tres chiflados que presentan ahí?”, cuestionó.
La postura de Willax puede interpretarse como una traición política por quienes esperaban respaldo al gobierno de Keiko. El canal que muchos consideraban cercano al fujimorismo ahora está golpeando precisamente donde más le duele al Gobierno: en su promesa de seguridad y orden.
¿Es una ruptura política? ¿Es una decisión periodística? ¿O simplemente una estrategia para generar polémica, audiencia y rating?
La respuesta todavía no está clara.
Pero una cosa sí resulta evidente: Willax ya no está actuando como un aliado automático del gobierno de Keiko Fujimori. Y Augusto Thorndike ha decidido convertirse en uno de sus críticos más duros, precisamente cuando el Gobierno necesita mostrar resultados.
Mientras la PNP defiende su investigación y Willax habla de una posible captura equivocada, la verdad tendrá que salir de las pruebas y no solamente de las cámaras, los titulares o el rating.
