Bien Lucia de la Cruz alguien tenia que ponerla en su sitio
El mundo de la farándula peruana se estremeció cuando Lucía de la Cruz, ícono de la música criolla, arremetió con una dureza sin precedentes contra la rubia Leslie Shaw. Sus palabras no fueron simples críticas, fueron auténticos dardos que, según muchos, marcaron un antes y un después en la percepción del público sobre la cantante pop. Y es que, cuando una voz autorizada como la de Lucía habla, la industria escucha… y tiembla.
“No tiene talento”: la frase que marcó el inicio del escándalo
Todo comenzó con una declaración que sonó como sentencia:
“El día que tenga que grabar con alguien, tengo que pensarlo cien veces y ver si tiene el mismo talento que yo, y el mismo sacrificio que el mío para darle marketing”.
Con esta frase, Lucía de la Cruz dejó claro que para ella Shaw no está a la altura. La crítica no era ligera; era un golpe directo a la credibilidad artística de Leslie, a su trayectoria y, sobre todo, a su esfuerzo. En un mundo donde la imagen suele pesar tanto como la voz, Lucía puso sobre la mesa la palabra que puede hundir carreras: falta de sacrificio.
El misil desde Japón: la comparación letal
Lucía no se detuvo allí. Desde su experiencia internacional, recordó sus amistades en Japón y remató con una frase demoledora:
“La señora, como se llame la rubia esa, para mí es una sin talento, ella cantó el tema ‘Hay niveles’ encima de la voz de Marisol y eso no se hace, es una falta de respeto”.
Esa acusación no solo dejó mal parada a Leslie como profesional, sino que la expuso como irrespetuosa, malcriada y carente de ética artística. En un medio donde la reputación lo es todo, semejante señalamiento se convirtió en dinamita pura.
Humildad contra soberbia
La crítica más ácida llegó cuando Lucía recordó que el verdadero artista se debe a su público, y que su grandeza se mide en humildad:
“Un artista es grande cuando es sencillo, humilde, respetuoso y se da a su público, pero parece que la rubia se olvida de eso”.
Aquí, la comparación fue lapidaria: Lucía encarnando el legado, la entrega, la sencillez… y Leslie Shaw en el bando contrario, etiquetada como soberbia, altiva y desconectada de su gente. El contraste fue tan brutal que muchos comenzaron a cuestionarse si la carrera de Shaw no estaba más sostenida en escándalos mediáticos que en talento real.
La guerra abierta con Marisol
Como si las palabras de Lucía no hubieran sido suficiente terremoto, Marisol también tomó partida. Entre indirectas y ataques, la “Faraona” dejó claro que su relación con Shaw era inexistente y hostil. Leslie, fiel a su estilo, respondió burlándose del set de grabación de Marisol, tildándolo de sucio y barato.
“Ese set con toda esa pared cochina atrás y esas luces de ahí, mira eso, se ve fatal. Parece un convento, que estuvieran en un convento, se hubieran disfrazado de monjas… Con esos videos feos, solita se humilla”.
La respuesta de Shaw, lejos de limpiar su imagen, reforzó el discurso de Lucía: una artista altanera, incapaz de mostrar respeto. El efecto dominó era inevitable: la rubia quedaba arrinconada entre dos de las voces más respetadas de la música peruana.
El golpe final: “Con el alma, Lucía”
Mientras Leslie Shaw quedaba atrapada en la maraña de críticas, Lucía anunciaba el lanzamiento de su disco “Con el alma Lucía”, producido por su hijo Christian Wong. El timing fue perfecto: mientras Shaw quedaba expuesta como “la sin talento”, la criolla se levantaba como el ejemplo de sacrificio, familia y legado.
El día que Leslie Shaw perdió la batalla
En un ambiente donde la opinión pública puede encumbrar o enterrar a un artista en cuestión de horas, las palabras de Lucía de la Cruz se sintieron como una sentencia definitiva. Leslie Shaw, criticada por soberbia y falta de humildad, vio cómo su imagen se resquebrajaba frente a un huracán de credibilidad.
Ese día quedó grabado en la historia de la farándula: Lucía de la Cruz no solo defendió el respeto en la música, sino que, con su verdad brutal, destruyó la carrera de Leslie Shaw en cuestión de minutos.



