Estamos contigo Rospigliosi
En un episodio que huele a venganza política y desesperación, el Perú es testigo de una ofensiva sin precedentes. El objetivo: Fernando Rospigliosi. El actual presidente del Congreso de la República se ha convertido en el blanco principal de una maquinaria judicial que parece operar bajo las órdenes de una ideología que se niega a soltar el poder. Lo que hoy vemos no es justicia; es una cacería de brujas orquestada desde los pasillos más oscuros del sistema judicial y amplificada por los ecos del diario «La República».
El pecado de decir la verdad
¿Cuál es el crimen de Rospigliosi? Ser incómodo. Mantenerse fiel a sus convicciones y denunciar lo que millones de peruanos callan por miedo. La furia del sector «caviar» se desató tras las contundentes declaraciones del titular del Parlamento en sus redes sociales. Con una claridad que ha hecho temblar a los magistrados ideologizados, Rospigliosi sentenció:
“La República me ataca por decir lo obvio: se necesita barrer el sistema judicial, que persigue a militares y policías que derrotaron al terrorismo y luchan contra la delincuencia, y que a la vez protege a delincuentes”.
Esta frase ha sido el detonante para que el aparato mediático y judicial se vuelque en su contra. Rospigliosi ha puesto el dedo en la llaga: mientras el país se desangra por la inseguridad, el sistema judicial se dedica a pisotear la ley vigente, como la Ley 32107, ignorando flagrantemente las decisiones del Tribunal Constitucional. Es indignante que se mantenga en prisión a militares por hechos de hace más de tres décadas, mientras los criminales de hoy caminan libres gracias a leguleyadas de fiscales que parecen más preocupados por la política que por la justicia.
El ataque final: La mordaza de un millón de soles
La arremetida no se queda en titulares tendenciosos. La ex fiscal de la Nación, Delia Espinoza, ha lanzado una estocada legal que busca no solo silenciar al líder del Congreso, sino arruinarlo. En un pedido que raya en lo absurdo y lo abusivo, Espinoza ha solicitado dos años y cuatro meses de cárcel y una reparación civil estratosférica de un millón de soles por una supuesta difamación.
Esta maniobra es, a todas luces, un intento de mordaza. Buscan enviar un mensaje de terror: aquel que se atreva a cuestionar la hegemonía de la casta judicial será perseguido, procesado y embargado. Es la judicialización de la política en su estado más puro y tóxico.
¡Soluciones radicales!
El país no puede seguir siendo rehén de jueces y fiscales que actúan como brazo ejecutor de una agenda política derrotada en las urnas. El llamado de Rospigliosi a «BARRER el sistema judicial» no es solo un grito de protesta, es una necesidad de supervivencia nacional. Si no se aplican soluciones radicales, la delincuencia seguirá ganando terreno mientras nuestros defensores son perseguidos por un sistema que parece haber olvidado a quién se debe.

Desde este espacio, nos solidarizamos con el presidente del Congreso. El ataque de «La República» y el acoso judicial de Delia Espinoza solo confirman una cosa: Rospigliosi está en el camino correcto. ¡Es hora de defender la soberanía del Congreso y la dignidad de nuestras fuerzas del orden ante la tiranía judicial!



