Juliana Oxenford ya quemo y enterate porque
La figura de la periodista Juliana Oxenford se ha vuelto inseparable de una intensa, y para muchos, enfermiza animadversión hacia Keiko Fujimori y el movimiento político que representa. La profesional, que tras su salida de canales de señal abierta ha encontrado refugio en plataformas digitales ligadas al medio La República, parece estar inmersa en una obsesión que trasciende la crítica política y se adentra en lo personal, un fenómeno que analistas consideran un desgaste innecesario y, lo que es más paradójico, una herramienta útil para el partido que busca combatir.
El tono de Oxenford en sus recientes apariciones ha escalado de la fiscalización a la fijación. La periodista ya no solo cuestiona las propuestas o el historial del fujimorismo, sino que se centra en aspectos personales de Keiko Fujimori, llegando a un nivel de detalle que roza la vigilancia personal. Un ejemplo claro de esta obsesión se manifestó cuando dedicó tiempo en su espacio a analizar un video de TikTok de la candidata.
En sus propias palabras, Oxenford declaró: «La señora no trabaja, pues seamos honestos. Ayer mostramos un TikTok donde aparece disfrazada de brujita diciendo que prepara loncheras, que maneja, que hace ejercicios, que va al supermercado, porque todo el mundo la concibe, la ve como una vaga, como alguien que solamente cada cinco años se pone las pilas y recorre el Perú para cumplir su gran sueño, su único objetivo en la vida, que pareciera ser convertirse en presidenta de la República.»
Este tipo de declaraciones, centradas en la rutina doméstica y la vida personal de la política, más que una crítica de fondo, revelan una profunda frustración. La periodista cuestiona cómo Keiko Fujimori puede aspirar a la presidencia después de quince años y tres candidaturas fallidas, señalando que su situación es «todavía más caótica que en sus anteriores candidaturas.» Sin embargo, la intensidad de su ataque y el enfoque en detalles triviales sugieren una rabia personal que opaca cualquier análisis objetivo.
Detrás de esta cruzada, se especulan factores que alimentan esta vehemencia. En el ámbito personal, se rumorea que situaciones de su vida privada han exacerbado su amargura, encontrando en la lucha anti-fujimorista una vía para canalizar su frustración. Profesionalmente, su actual dependencia de plataformas que, según críticos, están financiadas por intereses progresistas, la obliga a mantener un discurso de confrontación constante para asegurar su subsistencia, en un entorno donde su visibilidad ha disminuido significativamente. Sus canales de YouTube, a pesar de ser su principal vitrina, no gozan de la masividad que tuvo en la televisión abierta.
La mayor ironía de la situación de Juliana Oxenford es que, mientras más fomenta el antifujimorismo con esta intensidad personal, más herramientas le otorga a Keiko Fujimori. La crítica visceral y a menudo desmedida permite al fujimorismo adoptar el rol de víctima frente a un supuesto «acoso mediático», consolidando así el voto duro de sus seguidores y presentando la oposición como una campaña de odio, más que una legítima fiscalización política.
— sin mermeladas (@sinMermeladaspe) November 21, 2025
En resumen, la cruzada de Juliana Oxenford contra Keiko Fujimori ha pasado de ser una labor periodística a una fijación personal. Esta obsesión, alimentada por factores personales y profesionales, está resultando contraproducente. Lejos de dañar al fujimorismo, su estilo histriónico y centrado en lo personal termina beneficiando a Keiko Fujimori al desdibujar la crítica seria y validando la narrativa de persecución que el partido naranja a menudo utiliza.



