Política

Lo que todos querian sobre Fujimori ha sido revelado

¡El velo de la «justicia» se desgarra por completo! En una revelación que ha hecho temblar los cimientos del sistema judicial peruano, el exprocurador para casos de terrorismo, Daniel Espichán Tumay, ha roto el silencio para denunciar lo que muchos sospechaban en los pasillos del poder, pero que nadie se atrevía a gritar: la condena de Alberto Fujimori no fue un acto de ley, sino una venganza personal, sangrienta y calculada ejecutada por el juez César San Martín.

EL PECADO ORIGINAL: ¿JUEZ O CÓMPLICE?

La historia secreta de este odio visceral se remonta a 1988, una época donde el Perú se desangraba bajo el fuego terrorista. Espichán relata con crudeza un episodio que la historia oficial intentó borrar: San Martín, entonces un joven juez, ordenó la libertad del sacerdote Jean Marie Mondet, capturado en una guarida con cartuchos de dinamita y propaganda subversiva.

«San Martín mismo fue a la Dircote a exigir su libertad», dispara Espichán. El escándalo fue tal que el Ministerio del Interior autorizó denunciar penalmente al juez por prevaricato y abuso de autoridad. Aunque la denuncia fue frenada por tecnicismos políticos, el estigma quedó marcado a fuego. Según el exprocurador, San Martín nunca olvidó quiénes lo pusieron en la mira. La humillación de ser investigado por favorecer a un presunto terrorista sembró la semilla de un odio que germinaría décadas después.

EL JUICIO DEL SIGLO: UNA TRAMPA MORTAL

Cuando el destino puso a Alberto Fujimori frente a César San Martín, la suerte ya estaba echada. Espichán asegura que el juicio fue un teatro de sombras orquestado por ONGs y personajes como Gustavo Gorriti, quienes le habrían «dictado» las preguntas al magistrado para hundir al expresidente.

«Fue un juicio vengativo. San Martín debió inhibirse, pero prefirió ser juez y verdugo», afirma el exprocurador.

Para lograr su cometido, se habría utilizado la cuestionada figura de la «autoría mediata», una herramienta jurídica que, según Espichán, ni siquiera se aplicó con tal rigor a los jerarcas nazis. Se condenó a un hombre por ser el jefe, sin pruebas directas de que ordenara crímenes, ignorando que bajo su mando se logró la captura de Abimael Guzmán y la pacificación del país.

LA CÁRCEL COMO UN ARMA DE ODIO

Pero la sed de revancha no terminó con Fujimori. Espichán lanza una advertencia escalofriante: Vladimiro Montesinos es la siguiente víctima de este ensañamiento. Asegura que San Martín «se la tiene jurada» al exasesor y que esa es la única razón por la cual, a pesar de los años transcurridos, la libertad le sigue siendo esquiva. Se trataría de un sistema de justicia secuestrado por el rencor de un solo hombre que usa la toga como escudo.

¿JUSTICIA O CACERÍA DE BRUJAS?

«Me duelen las cosas que pasaron y que nunca se hablaron», confiesa un Espichán que no busca votos, sino limpiar la memoria de quien considera el «verdadero pacificador». El testimonio es demoledor: Alberto Fujimori habría pasado sus últimos años tras las rejas no por criminal, sino por haber osado purgar un Poder Judicial donde San Martín se sentía intocable.

Entrevista de Expreso a Exprocurador que retiro a San Martin del PJ

Hoy, el nombre de César San Martín queda bajo la lupa de la sospecha pública. ¿Es un paladín de la justicia o un hombre que utilizó el poder del Estado para saldar cuentas del pasado? La revelación de Espichán no deja lugar a dudas: el Perú vivió un proceso manchado por el veneno de la venganza. ¡La verdad ha salido a la luz y es aterradora!

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