Política

Ahora si se acabo todo para Delia Espinoza

La caída de los que se creen poderosos siempre es estrepitosa, y hoy el Ministerio Público vive uno de sus capítulos más oscuros. Lo que muchos advertían en los pasillos de la Fiscalía finalmente ha explotado: Delia Espinoza, la mujer que parecía manejar los hilos de la justicia a su antojo, enfrenta ahora el pedido de destitución más grave de su carrera. La «todopoderosa» ha chocado contra la realidad de un informe fulminante que pide su salida inmediata como fiscal suprema.

La responsable de ponerle punto final a esta era es María Teresa Cabrera Vega, presidenta de la Junta Nacional de Justicia (JNJ). En un documento que ha sacudido los cimientos del sistema judicial, fechado el pasado 14 de enero, se recomienda de manera tajante que Espinoza sea apartada de su cargo. ¿La razón? Un comportamiento que muchos califican de rebelde y negligente frente a las órdenes legales que debía cumplir.

El juego de las omisiones

Todo se centra en la accidentada reposición de Patricia Benavides. Según el informe difundido por Infobae, Delia Espinoza simplemente decidió mirar hacia otro lado cuando tenía la obligación de actuar. La JNJ sostiene que no se adoptaron las medidas necesarias para que Benavides regresara a su puesto como fiscal suprema. No hubo coordinaciones, no hubo oficios formales, no hubo voluntad. Para la justicia, esto no fue un olvido, sino una estrategia para bloquear un mandato administrativo.

Pero lo más grave ocurre en el noveno piso de la sede central de la Fiscalía de la Nación. El informe describe escenas que parecen sacadas de una serie de suspenso político: personal atrincherado en las oficinas y una vigilia permanente que buscaba, bajo cualquier concepto, impedir que se cumpla la ley. Espinoza, lejos de imponer autoridad, permitió que el caos se apoderara de la institución.

Una gestión bajo la sombra del caos

La acusación es directa: «omisión funcional». Se le reclama a Espinoza una ausencia total de reacción institucional. Mientras la sede central se convertía en un escenario de protestas y aglomeraciones que alteraban el orden, ella optó por la «tolerancia funcional». En términos sencillos: dejó que los grupos de presión hicieran lo que quisieran para evitar el retorno de Benavides.

El congresista Fernando Rospigliosi no tardó en reaccionar con dureza a través de sus redes sociales, sentenciando el destino de la fiscal: «Se acabó: la Junta Nacional de Justicia destituyó a Delia Espinoza. Una desquiciada que ocupó la fiscalía de la Nación solamente porque obedecía los dictados de la mafia. ¡Van cayendo!».

El veredicto final

Ahora, el destino de Delia Espinoza está en manos de cinco magistrados: Gino Ríos, Germán Serkovic, Jaime de la Puente, Víctor Chanduví y Cayo Galindo. Ellos tienen la tarea de revisar este informe que la deja sin salida. La mujer que creyó que su poder era eterno hoy espera un veredicto que marcará su muerte civil y profesional.

El Ministerio Público no puede ser el patio de juegos de quienes se sienten por encima de las normas. La destitución parece ser el único camino para una funcionaria que, en el momento que más se necesitaba orden, prefirió el desorden y la desobediencia. El castillo de naipes se derrumbó, y Delia Espinoza es la primera en caer.

 

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