Marisol Perez T. y su gente merecen la carcel
La bomba estalló y las esquirlas alcanzan a lo más alto. Se acusa a Miguel del Castillo de haber orquestado una maniobra descarada para favorecer sus propios intereses. ¡No son centavos! Estamos hablando de la astronómica cifra de S/ 464,000, nada menos que la tercera parte del presupuesto total de la franja electoral del partido, que habría sido direccionada con precisión quirúrgica hacia Nativa Televisión, canal con el que Del Castillo mantiene vínculos más que sospechosos.
¿Cómo es posible que el dinero de todos los peruanos termine en los bolsillos de un medio vinculado a un dirigente del partido? Mientras los candidatos de provincias mendigan un espacio para difundir sus propuestas, Del Castillo habría servido en bandeja de plata casi medio millón de soles a su «excanal». ¡Un festín privado con recursos del Estado!
LA REACCIÓN DE PÉREZ TELLO: ¿LIMPIEZA O LAVADO DE CARA?
Ante el hedor del escándalo, Marisol Pérez Tello, la candidata presidencial que suele dar lecciones de moralidad, ha tenido que salir a apagar el incendio. Con un tono que intenta ser firme pero que suena a control de daños desesperado, anunció que el Comité Ejecutivo Nacional (CEN) evalúa la expulsión de Del Castillo.
«No es ilegal, pero no es ético», sentenció Pérez Tello en una frase que ya resuena como el epitafio de la coherencia política.
¿Desde cuándo el «no es ilegal» es consuelo para un pueblo harto de las mañas de la clase política? La candidata intenta desmarcarse asegurando que el partido «no es de Del Castillo» y que él ya no ocupa cargos directivos tras su renuncia. Sin embargo, el daño está hecho. La sombra de la duda planea sobre Primero la Gente: ¿Cómo permitieron que una sola persona decidiera el destino de semejante fortuna?
UN PARTIDO EN LLAMAS
El documento enviado a la ONPE para frenar este desembolso es una confesión de parte. Firmado por Pérez Tello, Raúl Molina y otros líderes, el texto admite implícitamente que la «misión del bien común» fue pisoteada por «intereses particulares».
Por su parte, Miguel del Castillo, en un ejercicio de cinismo que indigna, niega las acusaciones y culpa al secretario de comunicaciones, mientras asegura que ahora su «interés» es la alcaldía de Lima. ¡Increíble! ¿Acaso pretende que los limeños confíen en quien hoy es señalado por sus propios compañeros como el artífice de un desvío de fondos vergonzoso?

El Perú asiste a un nuevo capítulo de la degradación política. Entre renuncias estratégicas y expulsiones tardías, lo único cierto es que el dinero de la franja, ese que debería servir para informar al ciudadano, terminó siendo el botín de una disputa que apesta a lo peor de la vieja política disfrazada de nueva.
¿Deseas que redacte una columna de opinión analizando las implicancias legales que este caso podría tener ante la ONPE y el Ministerio Público?



