Mira como dara el golpe final
El plan macabro está en marcha. La justicia peruana ha sido golpeada por un terremoto de proporciones inimaginables. Lo que parecía un proceso firme contra la corrupción se desmorona estrepitosamente ante los ojos atónitos del país. Andrés Hurtado “Chibolín”, el showman de la televisión, el hombre que hoy purga prisión preventiva por tráfico de influencias y cohecho activo, ya tiene su ticket de salida listo.
La llave para abrir la celda ha sido puesta en manos de su presunta aliada, la magistrada cuyo escándalo sacudió los cimientos del Poder Judicial. El hedor de la maniobra sucia es insoportable.
María Vidal La Rosa, la jueza cuya estrecha, demasiado estrecha relación con el reo más famoso del momento la sacó temporalmente de circulación, ha regresado por la puerta grande. ¡Y no solo regresó!
En un movimiento que desafía toda lógica moral y legal, ha sido nombrada presidenta de la Décima Segunda Sala Penal de Apelaciones de Lima. Sí, leyó usted bien. La magistrada que fue suspendida por sus presuntos nexos criminales con la red de “Chibolín” ahora ocupa una de las sillas más poderosas en la justicia de apelaciones. ¡Esto no es un regreso, es una conquista!
El país está en shock. La información, difundida por el medio El Foco, es la confirmación del juego de manos más descarado de los últimos tiempos. La Autoridad Nacional de Control del Poder Judicial (ANC-PJ) la había separado preventivamente, buscando evitar interferencias en una investigación que la señalaba por presuntas faltas muy graves.
La suspensión era el dique contra la podredumbre, pero la jueza lo ha dinamitado con una simple y conveniente medida cautelar. Alegó “vulneración de derechos” y el sistema, increíblemente, le dio la razón, dejando sin efecto la restricción y dándole vía libre para ejecutar el paso clave de la operación.
El abogado de Chibolín lo ha logrado. La primera ficha del dominó ha caído exactamente donde debía. Con Vidal La Rosa reincorporada y, peor aún, entronizada en un cargo de tamaña influencia, el terreno está pavimentado para la segunda parte del plan de fuga: la liberación de Andrés Hurtado.
Recordemos el origen de este escándalo, el que llevó a “Chibolín” tras las rejas y a la jueza a una suspensión que, hoy sabemos, era una burla. Hablamos de fiestas secretas, de viajes exóticos a Panamá, de una cercanía que la magistrada niega con una desesperación que huele a encubrimiento.
El conductor, actualmente con 18 meses de prisión preventiva, supuestamente organizaba los eventos judiciales, creando una red de favores y cohechos. ¿Coincidencias? ¿Viajes estrictamente personales? ¡Por favor!
Las pruebas de los viajes y la celebración financiada —o gestionada— por el showman son gritos mudos que la jueza intenta acallar con una débil carta notarial y la ridícula excusa de que lo conoció “en un circo”.
El teatro de la corrupción al descubierto. La defensa de Vidal La Rosa puede clamar que “no es amiga de Hurtado”, pero los hechos son tercos.
Su reincorporación fulminante, y el ascenso inmediato a la presidencia de una sala penal de apelaciones, no es casualidad; ¡es una estrategia! Este nuevo y poderoso cargo le otorga una posición clave para influir, directa o indirectamente, en los procesos de apelación que revisan las sentencias y prisiones preventivas.
Es un puesto de control en la autopista judicial. Ahora, con la jueza de los “viajes personales” y las “coincidencias circenses” a cargo de una sala de apelaciones, ¿quién puede garantizar que el caso de Andrés Hurtado no terminará en sus manos o bajo su órbita de influencia?

¡La puerta de Lurigancho está a punto de abrirse gracias a esta indignante maniobra! El retorno de Vidal La Rosa no es solo un fracaso del control interno del Poder Judicial; es una declaración de guerra a la moralidad pública y un sello de garantía para la impunidad. ¡El regreso de la jueza es la prueba viviente de que el plan para liberar a Chibolín está en marcha! La nación exige respuestas y, sobre todo, justicia.



