Política

Mira el doloroso final de Jose Domingo Perez

¡El espectáculo más decadente de la justicia peruana ha comenzado! Lo que muchos advirtieron como una crónica de una payasada anunciada se ha consumado de la forma más grotesca posible. José Domingo Pérez, el otrora todopoderoso fiscal que se creía el intocable vengador del Ministerio Público, ha caído de su pedestal de soberbia para estrellarse directamente contra el fango del ridículo mediático. Tras ser suspendido por seis meses por la Autoridad Nacional de Control, el fiscal —ahora rebajado a la categoría de «fiscalillo» en desgracia— no ha tenido mejor idea que lanzarse al vacío digital como conductor de su propio programa. ¡Ver para creer!

¿Justicia? ¡No, puro show! Las redes sociales no han tenido piedad y el sentimiento es unánime: ¿Es esto un programa informativo o un stand-up comedy de mal gusto? El hombre que desfilaba por los pasillos judiciales con aires de estrella de Hollywood, hoy se refugia tras un micrófono digital, mendigando «likes» y atención en un intento desesperado por no desaparecer del radar público. Es el destino común de los que confunden el deber con la vanidad: cuando el poder se les escapa de las manos, el único refugio que les queda es el de las cámaras y el ruido mediático.

Este nefasto personaje, señalado por muchos como un colaboracionista de Odebrecht, sigue el manual exacto de los magistrados «expectorados» que ya hemos visto en otras latitudes. Como sucedió en Brasil con el caso Lava Jato, estos personajes, una vez que pierden la protección de sus cargos, corren a esconderse en la política o en los medios de comunicación para seguir lanzando sus dardos cargados de veneno. Pérez no es la excepción; es la regla del oportunismo más descarado.

La pregunta que circula en cada esquina es: ¿Dónde quedó la dignidad de la toga? El espectáculo que ofrece Pérez es una bofetada a la seriedad de las instituciones. Su salto a las plataformas digitales no es un acto de libertad de expresión, sino un grito de auxilio de alguien que se sabe derrotado y expuesto. Ya nadie lo toma en serio. La mística del fiscal «valiente» se ha disuelto para dar paso a un conductor de programas de dudosa calidad que solo busca alimentar su ego herido.

Y como si fuera poco, los rumores ya apuntan a un dúo que promete ser el colmo de la comicidad involuntaria. En los pasillos se dice que solo falta que se le una su inseparable compañero de derrotas, Rafael Vela. ¡Imagínense el cuadro! «Carita» y «Tirifilo», como ya los bautizó el ingenio popular, haciendo dúo en la pantalla chica, llorando por sus privilegios perdidos y tratando de convencer a un país que ya les dio la espalda.

¡Buen viaje, Domingo Pérez! Que el brillo de las luces de estudio le sea leve, porque el peso de la historia y el juicio del pueblo peruano ya lo han condenado al archivo de los personajes más nefastos y ridículos de nuestra historia judicial. El circo ha abierto sus puertas, pero el público ya se está retirando entre risas y desprecio. ¡La justicia no es un juego, y su carrera parece haber terminado en un mal chiste!

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