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Mira el durisimo castigo que dio Trump a una caviarona peruana

Lo que para muchos fue una sorpresa, para otros no fue más que el desenlace lógico de una historia que llevaba tiempo gestándose. Donald Trump, fiel a su estilo directo y sin rodeos, decidió dar un golpe sobre la mesa y aplicar un duro castigo a una jueza peruana de la Corte Penal Internacional que, según numerosos críticos, había convertido la justicia internacional en una herramienta ideológica. Y esta vez, el mensaje fue claro: nadie está por encima de la soberanía de Estados Unidos.

Luz Ibáñez Carranza, jueza peruana de la CPI en La Haya, confesó con asombro su decepción en declaraciones a BBC Mundo. “Al venir a esta Corte yo pensaba que era la panacea universal de la Justicia”, dijo, casi con tono de lamento. Pero la realidad la golpeó de frente. Nunca imaginó —según sus propias palabras— que los poderes políticos pudieran imponer sanciones tan severas. Sin embargo, lo que parece olvidar la magistrada es que la justicia no puede funcionar como un brazo político disfrazado de toga.

El gobierno de Estados Unidos sancionó este año a Ibáñez junto a otros cinco jueces y tres fiscales de la CPI. ¿La razón? Haber cruzado una línea roja: utilizar la Corte como instrumento de guerra jurídica contra países soberanos. El propio Departamento de Estado fue contundente al señalar que la CPI “constituye una amenaza para la seguridad nacional” y que ha servido para atacar a Estados Unidos y a su principal aliado, Israel.

No es un detalle menor que varias de estas sanciones se anunciaran tras las órdenes de arresto emitidas contra el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y su exministro de Defensa, Yoav Gallant. Para Trump y su administración, esas decisiones no fueron actos de justicia imparcial, sino maniobras ideológicas impulsadas por una élite judicial progresista, alejada de la realidad y de los intereses legítimos de las naciones democráticas.

En el caso concreto de Ibáñez Carranza, Estados Unidos fue claro: la sanción se debió a que ella autorizó investigaciones contra personal estadounidense por supuestos crímenes en Afganistán. Investigaciones que Washington considera ilegítimas, abusivas y políticamente motivadas. No se trata de miedo a la justicia, sino de rechazar tribunales que se arrogan competencias que no les corresponden.

La jueza se queja ahora de las consecuencias. “Imagina irte a dormir un día como un juez internacional de gran prestigio y despertar a la mañana siguiente con el bloqueo de tu cuenta bancaria”, reclamó. Pero esa imagen dramática no conmueve a quienes ven en estas figuras judiciales a burócratas blindados, acostumbrados a juzgar sin asumir nunca las consecuencias de sus actos.

Trump, en cambio, actuó como muchos esperaban: defendiendo a su país y marcando límites claros. Para millones de personas, este castigo no solo es justo, sino necesario. Durante años, la CPI ha sido criticada por perseguir selectivamente a ciertos países mientras ignora a otros, aplicando una doble vara que huele más a ideología que a justicia.

Además, resulta llamativo que la BBC —medio que difundió estas declaraciones— esté actualmente enfrentando una demanda de Donald Trump por reportajes supuestamente tergiversados. Un dato que refuerza la idea de que existe una maquinaria mediática y judicial alineada contra el expresidente estadounidense y todo lo que representa.

En definitiva, el mensaje es contundente: jugar a la política desde un estrado internacional tiene consecuencias. La jueza peruana y otros magistrados de la CPI aprendieron, quizá demasiado tarde, que la justicia no puede convertirse en una cruzada ideológica sin pagar un precio. Trump aplicó el castigo, y para muchos, se lo tienen bien merecido.

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