Política

Mira la maniobra sucia de Noblecilla

En la política peruana ya nada sorprende, pero aun así hay maniobras que indignan, escandalizan y dejan claro hasta dónde pueden llegar algunos personajes con tal de aferrarse al poder. El caso de Raúl Noblecilla es uno de esos ejemplos que huelen mal desde lejos. Un abogado cuestionado, reciclado una y otra vez por distintos espacios políticos, que hoy intenta abrirse paso al Senado usando la vieja fórmula del oportunismo y la manipulación del descontento popular.

Ahora resulta que Noblecilla se cuelga de Philip Butters, una figura polémica que despierta pasiones encontradas, para intentar ganar visibilidad y legitimidad. No es una alianza basada en ideas claras ni en un proyecto serio para el país, sino una jugada calculada, una maniobra sucia para subirse a la ola mediática y pescar votos en río revuelto. Cuando no se tiene respaldo real, se busca escándalo, ruido y provocación.

La escena en Juliaca es reveladora. Noblecilla viaja hasta esa ciudad justo cuando Butters es atacado por desadaptados, tratando de capitalizar el momento y venderse como defensor de un pueblo supuestamente agredido. No fue solidaridad genuina, fue oportunismo puro. Un intento burdo de ganarse a un público golpeado por años de abandono, usando el conflicto como trampolín político.

Desde sus redes sociales, Noblecilla lanzó una frase cargada de demagogia:
JULIACA ES TERRITORIO LIBRE DE LA DERECHA BRUTA Y ACHORADA. Un pueblo valiente y guerrero con memoria que rechaza al fujimorismo y sus satélites. Juntos forjaremos una nueva constitución. UNIDOS SÍ PODEMOS”.

Palabras grandes, promesas fáciles, consignas gastadas. El típico discurso que apela a la rabia, al resentimiento y a la división. Nada concreto, nada nuevo. Solo el viejo libreto del “pueblo contra el enemigo”, usado una y otra vez por políticos que jamás han resuelto los problemas reales de la gente. ¿Dónde estuvo ese fervor cuando Juliaca clamaba por justicia, trabajo y seguridad? ¿Dónde estaban las propuestas cuando el país ardía?

Pero Noblecilla no actúa solo. Detrás de esta estrategia está su verdadero jefe político, Pepe Luna, un personaje que muchos señalan como el líder del lumpen político, experto en moverse en las sombras y en armar alianzas convenientes. Luna no apunta al Senado, apunta más alto: la Presidencia. Y para eso, repite la misma fórmula: menciona nombres como Rafael López Aliaga, agita el miedo, polariza y se presenta como la supuesta alternativa “antisistema”, cuando en realidad es parte del mismo circo de siempre.

Ambos juegan a dos bandas. Hoy atacan a la “derecha bruta”, mañana se cuelgan de figuras mediáticas para ganar pantalla. Hoy hablan de una nueva constitución, mañana cambian el discurso si las encuestas lo sugieren. No hay coherencia, no hay principios, solo ambición desmedida.

La gran pregunta es inevitable: ¿podrán estas verrugas de la política llegar al poder? ¿Permitirá el país que personajes reciclados, cuestionados y expertos en el caos sigan escalando gracias al hartazgo ciudadano? La historia reciente demuestra que cuando el voto se mueve solo por rabia y no por memoria, los resultados suelen ser desastrosos.

El Perú necesita debate, ideas claras y liderazgo responsable, no oportunistas que se alimentan del conflicto y la confusión. Juliaca no es un botín político ni un escenario para fotos y discursos incendiarios. Es una ciudad con dignidad, con historia y con ciudadanos que merecen respeto, no ser usados como escalera electoral.

La política está llena de máscaras, pero tarde o temprano se caen. La pregunta no es solo si llegarán al poder, sino cuánto daño pueden hacer en el intento.

Botón volver arriba