Política

Mira la canallada de Jeri en palacio de gobierno

Mientras millones de peruanos luchan día a día para llevar un pan a la mesa en medio de una crisis económica asfixiante, las paredes de Palacio de Gobierno parecen haberse convertido en el escenario de un festín de amiguismo y derroche descarado. El presidente encargado, José Jerí, hoy se encuentra en el ojo de la tormenta tras revelarse una serie de ingresos de «amigas» al despacho presidencial que, por una «mágica coincidencia», terminan convertidos en jugosos contratos pagados con los impuestos de todos los ciudadanos.

Esta no es solo una falta de ética; es una auténtica canallada contra la confianza pública. Los registros de visitas no mienten y dibujan un patrón sistemático de lo que parece ser una agencia de empleos VIP gestionada desde el sillón de Pizarro.

El «Efecto Jerí»: Visitas de oro y contratos exprés

El caso de Violeta Veas Otero es, por decir lo menos, escandaloso. Tras una reunión de tres horas en la intimidad del despacho presidencial, la «suerte» le sonrió de inmediato: fue designada como Secretaria Nacional de Juventud del Ministerio de Educación. ¿El premio por su visita? Un salario mensual que ronda los S/ 15,000. Una bofetada para miles de jóvenes profesionales con posgrados que ganan una fracción de esa cifra.

Pero la generosidad de Jerí no se detiene ahí. Guadalupe Vela Ramírez, quien tuvo el privilegio de estar en la juramentación del jefe de Estado, llevó su «compromiso» más allá. El 1 de noviembre, un día feriado donde el país descansa, ella visitó el despacho presidencial. Solo veinte días después, obtuvo una orden de servicio por S/ 6,000. No contenta con ello, apenas ocho días más tarde, se le otorgó otro contrato a través del Fondo de Apoyo Gerencial (FAG) por la suma de S/ 11,000. ¿Qué habilidades extraordinarias se despliegan en esas reuniones de feriado que valen tanto dinero público?

La lista de la indignación

La opacidad continúa con Fiorella Melgarejo Sánchez, quien registró tres ingresos en menos de diez días al despacho. El resultado de su «perseverancia» fue una contratación directa en la misma oficina presidencial con honorarios de S/ 11,000. Del mismo modo, la conocida «chica del market Capón», Alicia Camargo, parece haber encontrado la vía rápida al éxito: solo tres días después de verse con el gobernante, fue incorporada a la Secretaría de Palacio con un sueldo de S/ 14,000.

Una respuesta que insulta la inteligencia

Ante la contundencia de las pruebas, la Presidencia ha emitido un comunicado tibio, asegurando que todo se realizó bajo el «debido proceso». Sin embargo, el país no es ciego. El «debido proceso» no suele incluir reuniones privadas con el mandatario antes de recibir contratos de cinco cifras.

Lo que estamos presenciando es el uso de la casa de todos los peruanos como un club privado donde la cercanía al poder se canjea por estabilidad financiera. José Jerí debe responder: ¿Es el despacho presidencial un centro de decisiones de Estado o una sala de recepciones para sus intereses personales? Mientras el Perú clama por meritocracia, Palacio responde con favoritismo. Esta es la radiografía de una gestión que le ha dado la espalda al pueblo para favorecer a su círculo más íntimo.

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