¡Escándalo total en la televisión peruana! El conocido periodista Augusto Thorndike provocó una ola de indignación y repudio masivo tras humillar feo a su camarógrafo durante la transmisión del programa EN VIVO por las pantallas de Willax Televisión.
El conductor perdió totalmente el control por unos fallos en la cámara y aplastó sin piedad al humilde trabajador frente a miles de televidentes que no podían creer el nefasto espectáculo.
Lleno de ira y fuera de sí, gritó al aire: “Qué pena que tengamos esa clase de camarógrafos en este canal que estamos tratando de sacar adelante y contraten cualquier cosa. Es un insulto a nuestros televidentes, les pido disculpas”.
Pero el maltrato no quedó ahí. Thorndike remató exigiendo el despido inmediato del técnico: “Esa persona no está preparada para hacer cámara en vivo y no debe ser parte de esta casa televisora”. La gente en redes sociales explotó en ira contra semejante abuso laboral.
Lo peor de todo es que este feo comportamiento no es un hecho aislado en ese canal. El polémico Beto Ortiz también practica la misma maña y suele maltratar sin asco a su equipo de producción en pleno programa en directo.
A Beto no le importa dejar en ridículo a los jóvenes trabajadores que hacen posible la señal. Les grita, los expone y los pisotea sin ningún tipo de respeto por el esfuerzo diario que realizan detrás de las cámaras.
Estas conductas matonescas demuestran una terrible crisis de valores dentro de la empresa. La prepotencia de sus figuras estrella deja en claro que el respeto hacia la gente trabajadora simplemente no existe en esos estudios.
A toda esta cadena de abusos se suma la completa decadencia de Willax Televisión. El canal que antes defendía una línea firme y sin tibiezas de derecha, hoy está cambiando de rumbo de manera descarada y sospechosa.
Muchos televidentes acusan a la emisora de volverse caviar y blanda, traicionando a la audiencia fiel que los apoyó desde el inicio. El canal parece haber perdido el rumbo para sumarse a posturas acomodadas.
Todo este extraño giro coincide con la caída libre de Keiko Fujimori, quien pasó de tener un 60% de aprobación al inicio de su gestión a un flojo 42% en septiembre. El desplome político remeció a los altos mandos del medio.
Ante este panorama, los líderes de opinión del canal prefieren marcar una distancia fiscalizadora e independiente para conservar su credibilidad ante su audiencia, en lugar de actuar como un órgano de propaganda oficialista.
El público ya no soporta más prepotencia ni cambios de camiseta por conveniencia. Willax Televisión enfrenta una pesada condena social por permitir el maltrato a sus empleados y traicionar la confianza de toda su gente.
