Valiente confesion de Butters
En una noche que quedará grabada para siempre en la política peruana, Phillip Butters, el polémico y siempre frontal conductor de Combutters por PBO, decidió romper el silencio que durante días alimentó especulaciones, rumores y guerras internas dentro del partido Avanza País. Lo hizo como él sabe hacerlo: mirando directo a la cámara, sin titubeos, sin cálculos, y lanzando una bomba que dejó a más de uno sin aliento.
Cuando el reloj aún marcaba los primeros minutos del programa, Butters inició su declaración con un tono que anunciaba tormenta. Y vaya que la hubo. Con una serenidad afilada, propia de quien ya no tiene nada que ocultar, soltó la frase que encendió la pradera: él jamás pidió dinero, jamás buscó beneficio personal y, sobre todo, su declinación a la candidatura presidencial tenía un responsable directo: César Combina.
Ahí comenzó el terremoto.
Butters reveló que desde su llegada a Avanza País se propuso hacer lo que sabe: trabajar con seriedad. Viajó por el país, tocó tierra en Ica, Ayacucho, Loreto, Arequipa, Puno, Trujillo… intentó articular equipos técnicos reales, propuestas creíbles, una estructura mínimamente profesional. Pero, según él, lo que encontró fue un partido donde las condiciones básicas para la política honesta simplemente no existían.
Y entonces soltó el primer dardo:
“Yo al partido no le pido plata ni le he pedido plata. Yo soy una persona seria que voy a invitar a gente seria.”
En tiempos donde la política está plagada de arreglos bajo la mesa, este mensaje fue un misil directo a quienes, dentro del partido, insinuaron lo contrario.
Pero lo más explosivo vino después. Cuando comenzó a hablar del tipo de personas que él NO aceptaría en una organización política, las piezas empezaron a encajar en vivo:
“Yo no admito ningún prontuariado… gente que haya purgado cárcel… personas que no le pagan pensión a sus hijos… eso era mi veto.”
Y, acto seguido, mencionó al personaje que él considera la piedra en todo este zapato: César Combina.
Butters no se guardó absolutamente nada. Recordó que Combina venía saltando de partido en partido y arrastrando, según dijo, una pesada sombra: una acusación constitucional por colusión, el testimonio de 23 personas que afirmaron haberle entregado dinero para conseguir obras cuando estaba en la Comisión de Presupuesto, y además investigaciones por lavado de activos.
Todo ello —aseguró Butters— lo comunicó oportunamente a Aldo Borrero y a otros dirigentes. Pero, para su sorpresa e indignación, jamás se tomó una decisión firme. Combina se quedó. Y no solo se quedó: pidió ser candidato a la alcaldía de San Isidro.
Para Butters, ese fue el punto de quiebre.
“Tú no puedes llevar al Congreso a un tipo que quiere limpiarse la cara con tu partido y menos con mi nombre, que yo tengo un nombre limpísimo desde siempre.”
La crítica fue demoledora. Según él, permitir que Combina continúe dentro del partido fue “una pantomima” que terminó por hacer insostenible su propia permanencia y, finalmente, lo empujó a renunciar a la candidatura presidencial que Avanza País le había ofrecido.

Al finalizar, dejó una reflexión que sonó más a advertencia nacional que a comentario personal. Lo dijo mirando de frente, con firmeza, casi desafiando a los que —según él— quisieron ensuciar su nombre:
Butters no se bajó por debilidad. Se bajó por dignidad. Y decidió contarlo todo.
Y así, en cuestión de minutos, el silencio se convirtió en estruendo. El partido quedó golpeado. Combina quedó señalado. Y Phillip Butters, una vez más, se colocó en el centro del huracán político.



