El escándalo que rodea a la presidenta Keiko Fujimori acaba de tomar una nueva dimensión. El semanario Hildebrandt en sus trece reveló encuentros privados entre la mandataria y el empresario argentino Damián Valenzuela Mayer, de 51 años, un hombre que habría estado muy cerca de su entorno político.
La investigación, publicada el viernes 21 de agosto, sostiene que ambos habrían coincidido hasta en cuatro ocasiones en el spa Tomyko, en Santa Catalina. El detalle que más llamó la atención fue la forma reservada de esos encuentros, incluso con ingresos por una puerta de servicio.
Según H13, el 11 de julio Keiko Fujimori habría llegado al lugar a las 3:10 de la tarde. Diez minutos después habría ingresado Valenzuela. La presidenta salió a las 5:03 p. m. y el empresario habría abandonado el local 15 minutos después.
Pero el escándalo no termina en el spa.
Hildebrandt también señala que Valenzuela estuvo presente el 28 de julio en el Congreso durante la asunción de mando de Fujimori y después en Palacio de Gobierno durante la juramentación de los ministros. Es decir, no sería simplemente un conocido de la presidenta, sino alguien que habría tenido acceso a momentos muy importantes del nuevo gobierno.
El empresario argentino se presenta como un impulsor de inversiones y utiliza el nombre de “creador de riquezas”. Sin embargo, el reportaje de H13 cuestiona seriamente sus antecedentes y menciona procesos y decisiones judiciales en otros países.
Uno de los datos más fuertes es el caso ocurrido en Florida. Según H13, una corte habría ordenado en abril de 2025 el pago de 5 millones de dólares relacionado con Latin America Invest. El semanario también menciona problemas vinculados con una empresa financiera en Uruguay.
Y aquí aparece la parte que puede resultar más incómoda para Fujimori: la propia presidenta terminó reconociendo que sí estuvo con Valenzuela en el spa.
Después de la publicación, Fujimori negó que exista una relación sentimental y explicó que acudió al lugar utilizando un vehículo proporcionado por Fuerza Popular, no uno del Estado.
“Hace tiempo me inventan relaciones, cuatro o cinco relaciones”, declaró la presidenta. Luego agregó: “A partir del 28 de julio de este año y por los próximos cinco años, mi compromiso es con el Perú”.
Fujimori también reconoció que Valenzuela fue una de las personas extranjeras que colaboraron con ella durante la campaña.
“El señor Damián (…) son personas del extranjero que generosamente han venido a colaborar”, afirmó.
Y ahí está el verdadero problema político.
Más allá de si existió o no una relación sentimental, la pregunta que queda flotando es otra: ¿qué papel tiene realmente este empresario cerca de la presidenta?
Porque si se trata solamente de una amistad, Fujimori tendría que explicar con claridad por qué un empresario extranjero con cuestionamientos judiciales aparece tan cerca de ella y estuvo presente en actos centrales del nuevo gobierno.
Además, si Valenzuela actúa como asesor, colaborador o incluso como una persona con capacidad para influir en decisiones, el asunto podría convertirse en un problema mucho mayor.
Una mentira sobre su vida privada puede parecer pequeña, pero una mentira relacionada con una persona que busca influir en el poder puede tener consecuencias enormes.
Por ahora, Fujimori niega una relación sentimental y reconoce la cercanía con Valenzuela. El empresario, por su parte, ha anunciado acciones legales contra H13 y exige una rectificación.

El escándalo, por tanto, está lejos de terminar. La gran pregunta ya no es solamente quién acompañaba a Keiko Fujimori al spa, sino qué hace un empresario extranjero tan cerca del poder presidencial y qué influencia puede tener sobre la presidenta del Perú.
