El país entero quedó paralizado ante lo que parecía una verdadera bomba que cambiaría el destino de la nación. El gran terremoto político resultó ser una completa farsa. Kenji Fujimori desató una tormenta de especulaciones al soltar una frase que encendió todas las alarmas en las redes sociales.
Aseguró con tono grave que volvía con un movimiento popular, pero la realidad era otra muy distinta. Todo fue una astuta trampa publicitaria para inflar la sintonía de su exitoso canal de YouTube. El hermano de la mandataria jugó con la curiosidad de millones para beneficio de su propio programa.
El menor del clan fujimorista lanzó un mensaje que de inmediato hizo temblar a la opinión pública. “Creo que ha llegado el momento de hablar con muchísima seriedad. Después de pensarlo mucho, he decidido seguir”, afirmó muy convencido en su video promocional.
Agregó con misterio que este nuevo grupo “representa realmente al pueblo” y que no tiene miedo de decir la verdad. Prometió revelar todo el misterio en su programa digital a las ocho de la noche. Esa sola promesa bastó para desatar el caos y la histeria colectiva.
La desesperación se apoderó de inmediato del sector progresista y de los feroces enemigos del gobierno actual. Los eternos rivales del régimen cayeron redonditos en el anzuelo y mordieron la carnada sin dudarlo. Empezaron a gritar que la política nacional iba a implosionar en mil pedazos.
Pensaron llenos de emoción que el menor de la familia venía a destruir el mandato de su propia hermana. Soñaron despiertos con una guerra familiar que derrumbaría el poder en cuestión de horas. Se frotaron las manos imaginando un quiebre total, pero la fantasía se les derrumbó en la cara.
El público más despierto y sus fieles seguidores sabían perfectamente que todo era puro teatro comercial. El supuesto regreso a las canchas fue únicamente una jugada maestra de márketing digital. Kenji utilizó el morbo de sus detractores para ganar miles de vistas y multiplicar suscriptores.
El excongresista ya había dejado muy en claro meses atrás que no quería saber nada del barro electoral. “Desde que arranqué el pódcast, dije: Esto es cien por ciento entretenimiento”, había confesado con total claridad. También afirmó haber vivido más de treinta años en ese mundo y preferir la tranquilidad.
Incluso llegó a comparar su vida lejos del Congreso con una paz absoluta y calma marina. “Tendríamos que ser mentecatos pensar o desear que la situación vaya adversa”, declaró antes sobre el país. Sus propias palabras demostraban que jamás tuvo la intención de volver a postular a nada.
La rabieta de los ilusos que creyeron en el fin del mundo político quedará para la historia. El tremendo engaño de Kenji dejó en ridículo a quienes juraban que el escenario nacional estallaría. Mientras tanto, el famoso conductor sonríe feliz contando los miles de clics de su exitosa transmisión.
