El mundo del espectáculo peruano se encuentra en un estado de shock total tras la noticia que nadie quería escuchar. La partida de un grande ha dejado un vacío imposible de llenar en los hogares que cada tarde encendían la radio para buscar un poco de alegría.
Nadie podía imaginar que el destino ya estaba escrito para este hombre que dedicó su vida entera a la risa. Su última aparición en el micrófono no fue una despedida común, sino un momento cargado de una energía que ahora muchos consideran una señal del más allá.
Todo ocurrió en una tarde que parecía ser igual a todas las demás, sin presagios de tragedia en el aire. El estudio de radio vibraba con la energía de siempre, mientras los cables y micrófonos captaban las ocurrencias de un genio que se sentía más vivo que nunca.
Una jornada llena de risas
A las cuatro de la tarde, el reloj marcaba el inicio de una secuencia que quedaría grabada para la historia del país. El comediante se sentó frente a su equipo de trabajo, listo para comentar la realidad nacional con ese humor picante que tanto lo caracterizaba.
El debate político de este año 2026 era el tema principal de la mesa, y él no perdió la oportunidad de lanzar sus mejores dardos. Sus compañeros de cabina reían a carcajadas, contagiados por la chispa inagotable de un hombre que dominaba el escenario con solo hablar.
Su capacidad para transformar temas complejos en situaciones cómicas era una de sus principales virtudes, y esa tarde no fue la excepción. El público escuchaba atento desde sus casas y autos, disfrutando de un programa que fluía con una normalidad casi envidiable.
El misterioso relato en vivo
Sin embargo, en medio de la chanza y la política, el ambiente cambió de forma repentina cuando el humorista decidió hacer una pausa. No era un chiste común lo que venía, sino una historia que hoy pone los pelos de punta a quienes la vuelven a escuchar.
Con un tono de voz que envolvía a todos en un halo de misterio, empezó a contar algo que parecía sacado de una película de terror. Sus compañeros guardaron silencio, intrigados por el rumbo que estaba tomando la conversación en aquel estudio de RPP.
El comediante relató: “De que una señora a las cuatro de la mañana se levantó porque estaba pasando la procesión, salió a ver y se comenzó a persignar todo. Y una señora le entregó, le dijo: ‘¿Puede guardarme estas velas? Mañana paso por mis velas’”.
Un giro que hiela la sangre
La tensión en la cabina se podía cortar con un cuchillo mientras el relato avanzaba hacia un final oscuro. “Y la señora le guardó las velas. Al día siguiente, abrió el paquete de las velas de curiosidad…”, continuaba narrando el artista con una calma impresionante.
En ese instante, el suspenso era tan fuerte que Daniel Marquina no pudo evitar interrumpir con un grito de negación. Todos presentían que lo que estaba por revelarse no era una simple broma de tarde, sino algo mucho más profundo y escalofriante.
El desenlace de la historia llegó como un balde de agua fría para los presentes y los oyentes. Con una seguridad pasmosa, el humorista soltó la bomba final: “Y eran unos huesos”, dejando a todo el equipo sumergido en un asombro total.
La revelación final del maestro
Para cerrar aquel momento que hoy parece una despedida mística, el artista explicó el origen de aquel aterrador encuentro. “Se llama la procesión de las ánimas, porque toda esa gente de esa procesión eran ánimas que pasaron a esa hora”, sentenció con firmeza absoluta.
Nadie sospechaba que, pocas horas después de hablar sobre almas que caminan y procesiones del más allá, él mismo emprendería su propio viaje. El hombre que nos hizo reír con historias de ultratumba terminó cruzando el umbral de manera inesperada y silenciosa.

Manolo Rojas falleció a los 63 años, dejando a todo un país sumido en el llanto y la nostalgia más profunda. Su última acción antes de partir no fue una broma política, sino un relato sobre la muerte que hoy resuena como su último y gran misterio.
